MARCOS H. VALERIO

En el umbral de un nuevo año, cuando las redes sociales, medios de comunicación y las calles se inundan de rituales supersticiosos que prometen amor, dinero y viajes con solo un gesto “mágico”, el sacerdote José de Jesús Aguilar Valdés, canónigo de la Catedral Metropolitana y subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis Primada de México, alza la voz con un mensaje claro y directo: La verdadera renovación no llega con calzones rojos ni maletas paseadas a medianoche, sino con compromiso, disciplina y valores evangélicos.
“Van a escuchar que la forma de vivir el nuevo año es con la magia. Todo fácil y rápido. Así los van a engañar”, advierte el padre Aguilar en su reflexión de fin de año. “Tan fácil como ponte calzones rojos para que encuentres el amor, pasea maletas para que viajes, pon un borreguito para que tengas mucho dinero, come lentejas para que tengas salud… ¿Ustedes creen que realmente un calzón va a atraer el amor? ¿O será más bien tu inteligencia, tu forma de ser, los lugares a donde visitas, la forma en que pones límites?”.
Con la franqueza que lo caracteriza, el sacerdote desmonta estas creencias populares: “Si quieres viajar, más que pasear maletas, ahorra, haz proyectos. ¿Quieres salud? Cuídate, ve al médico, aliméntate bien. La vida no se consigue con magia. Un año nuevo tiene que ver con compromiso, con esfuerzo, con disciplina. Tiene que ver también con vivir los valores”.

Y remata con la esencia de su mensaje cristiano: “Cristo nunca nos dijo que la vida es fácil. Él nos dijo: la vida es difícil, pero lo hermoso se consigue con amor y con estos valores que yo les he enseñado. El mal nunca lleva al bien. El bien lleva al bien y lo fácil no siempre es lo mejor”.
En este 2026 que inicia, el padre Aguilar bendice especialmente al sureste de México y recuerda que las verdaderas bendiciones no caen del cielo por arte de magia, sino que se construyen día a día con buenas actitudes, decisiones firmes y la guía de los valores cristianos. Un testimonio de vida que invita a dejar atrás las “supersticiones” y abrazar el esfuerzo real para un año verdaderamente nuevo.
Es autor de más de mil 500 cuentos y 17 libros, productor de cine y teatro, maestro en tanatología, psicología y arte. Pero quizá uno de sus apodos más entrañables sea “el padre titiritero”: cuando llegó a Roma y comenzó a construir la parroquia de la Sagrada Familia, usó títeres para explicar el Evangelio a los niños, atrayendo también a los padres. “Nadie había hecho este tipo de cosas, pero hay que buscar siempre nuevos caminos”, recuerda.
Ha actuado en novelas, cortometrajes y programas de televisión, siempre con un propósito: “Que la gente conozca, ame a Dios y viva de la mejor manera”.
